No te pierdas
Marzo 13, 2009
Pensaste haber encontrado lo perfecto, eso que siempre
trataste de tener o al menos de sentir.
Cuando lo encontraste, coincidiste contigo mismo en que
duraría lo suficiente como para encontrarle respuesta
a lo que siempre negaste y que, luego de este encuentro,
dejarías de negar.
A medida que lo disfrutabas, te dabas cuenta de que
más suerte no podrías haber tenido, pues esa perfección
encontrada se hacía cada vez más nítida, y “romanticamente”
(o más bien siútico), sin aquello los días se pasaban lentos,
los colores dejaron de sonreir y ya nada tenía sabor.
De ahí en más, el sólo estar con ese opuesto de lo imperfecto
hacía que todo tuviese sentido. Más bonitez y felicidad.
Comenzaste a olvidar otras formas de disfrutar los días
y sin darte cuenta, de tiempo en tiempo, las cosas se
te comenzaron a transformar en una suave rutina.
Comenzaste a dedicar tiempo a esa perfección, quitándole de él
a cosas que hacían de tu vida una no-rutina.
Dejaste de lado aquello que te hacía exéntrico,
que te hacía un conocedor. Te alejaste de lo que te
daba más personalidad, de eso que te hacía alguien polifuncional
y lograba hacer que vieras la vida como un abánico de posibilidades.
En fin, tu vida comenzó a dar un vuelco que no notabas, y no porque
casualmente no te fijabas, sino que simplemente porque no querías y
porque te cegabas a la realidad de que otros dijeran lo contrario con
una severa certeza que de una u otra forma se te tornaba agobiante.
En el día a día empezaste a irradiar energías diferentes.
Con los de siempre ya no eras el de siempre y los panoramas
de toda una vida dejaron de ser importantes en tu vida.
Ese paso al costado comenzó a subir de precio y ya ni te
importaba saber como pagarlo. Eso que te dejó de importar
se transformo en una paga de muchas cuotas y con altos intereses.
De pronto y radicalmente todo se vino abajo.
Esa perfección sobre la que tanto predicaste se quedó en la teoría
y la práctica dejó de ser lo que era. Tus ánimos se derrumbaban de a
poco y te encontrabas practicamente sólo, sin sustento para tu
tristeza.
Todo lo feliz se transformó en recuerdos, toda esa bonitez de la
que hablabas se la llevó el tiempo. La perfección que pensabas
tener entre tus manos se hizo imperfecta y desapareció.
Ahora, otra sería la pista. Te empezaste a dar cuenta de que a tí
volvió todo lo que habías dejado en el camino o “stand by”.
Dejaste de circular en un vicio rutinario y los días se te hacían
diferentes unos de otros. Ahora hay más alegrías, hay más
espontaneidad, hay más de lo que había dejado de haber.
Tus alrededores comenzaron a retribuir tu manera de empezar
a ver todo como siempre lo habías hecho. Hay más de todo.
Y simplemente por haber dejado de lado esa perfección de la
que tanto hablaste, por darte cuenta de que a veces muchas
imperfecciones juntas pueden ser más que un solo algo
perfecto y eso, es irremplazable. Hay quienes están a tu lado
que no te cambiarían por nada del mundo y que a pesar de todo,
siempre van a estar ahí pase lo que pase. No te pierdas.
Moja la camiseta hasta el final y nunca cambies tú pasión.
Bendiciones