“Esta canción habla de las cosas que ellas nos piden que cambiemos…
pero bueno su petición siempre es bien intencionada porque ellas están
empeñadas en que algún día nosotros encontremos la perfección que han alcanzado”.
Alejandro Filio.-
Y cuantas veces creemos que no es así.
De seguro son más las veces que frases
como estas las consideramos ciertas, aunque
desgraciadamente para ellas y vergonzosamente
para nosotros, las dejamos siempre en secreto.
Dejar de pensar lo que más podríamos actuar.
Dejar de aterrizar y empezar a volar de cuando
en vez tal vez un poco más (que sonoro).
Cuántas ironías indirectas escuchamos y cuantas veces
acudimos a la sordura extrema para bajar los brazos
e ir lejos del orgullo.
Del orgullo!
Son discretas, son tiernas y vaya que son irónicas,
pues la mayor parte del tiempo tratan de que nosotros
mismos logremos superar nuestras metas de la manera
en que mejor podamos aprender, siendo ellas verdaderos
fantasmas de la perfección.
Nos observan sin poder darnos cuenta de que lo hacen
a cada minuto e inconcientemente, anotan cada detalle
de lo que somos, hacemos, no hacemos y dejamos de hacer.
Nos molestan incluso a diario para hacernos creer que
son simplemente amigas de la vida cuando lo que buscan
en realidad, es que nos demos cuenta de lo que tenemos
en frente y que aún no hemos visto.
O que aún no queremos ver porque tenemos miedo.
Sí, miedo. Miedo de pensar en que podamos equivocarnos
(porque vaya que lo hacemos y nos durará lo suficiente
hasta que podamos comprender a donde han llegado ellas).
Miedo de que podamos arriesgarnos y luego errar.
Simplemente miedo a ser errantes y creer que eso a ellas,
les disgusta.
Cuánta paciencia han de tener y cuanto amor han de guardar
en ellas que a la hora de regarlo, pareciese ser una
abundancia hermosa de pequeñas vibras que rondan nuestros
cuerpos y nos abrazan con una suavidad inmensa.
Cuánto aprenden ellas en tan poco tiempo y cuanto demoramos
nosotros en aprender lo que ellas incluso nacieron sabiendo.
Crear amor, hacer amor y entregar amor.
Nos piden canciones de amor. Nos piden abrazos que florezcan al amor.
Nos piden palabras que frenen alientos. Nos piden incluso, sólo
eso tan corto que quieren escuchar, nada más.
Nos piden cariños, ternura. Nos piden amor.
Si aún no entendemos, esperan entonces a que encontremos sus manos.
Toleran el tiempo interminable entre que podamos rosarlas para
luego acariciarlas. De sol a sol, no importa. Saben esperar.
Más aún si todavía no encontramos la manera, ellas nos lanzan un
pequeño empujoncito. Se acercan y “accidentalmente” toman
las nuestras y nuevamente nos dicen sin palabras que quieren
entregarse un poco más.
Son inalcanzables.
Sus ojos se llenan de luces brillantes y contagian los nuestros.
Sus voces se hacen plenas, suaves y armoniosas.
Son el arpegio perfecto.
No importa el resultado final, ellas entienden lo que pudimos
y lo que no. Ellas saben que aún no resultando hoy, mañana
el amor saldrá a caminar de nuevo y será libre otra vez.
Y lo saben porque lo son. Porque son libres.
Y así como ellas gozan de su libertad siendo la pareja perfecta
del amor, es que hoy sabemos que el amor es libre porque
la mujer existe.